jueves, diciembre 23, 2010

Haciendo balance



Como se acerca el final del 2010, y aunque yo no suelo hacer estas cosas, me gustaría hacer balance del año que de momento ha sido el más importante para mi, aunque también el más loco y raro. Desde el punto de vista personal está claro que he salido ganando y que me han pasado cosas muy especiales y únicas. Pero también el traslado de ciudad me ha hecho pasar algún que otro mal trago, aunque haya merecido la pena.

En lo profesional, estoy un poco confusa, porque no sé si estos cambios han sido para mejorar o no, o sólamente son eso, cambios. Por fin me he librado de las guardias que tanto odiaba, pero he entrado en la temida inestabilidad profesional del recién acabado, y estoy experimentando cada día, las alegrías y penas de trabajar en primaria. Cada día es diferente, así que no puedo ni quiero sacar una conclusión, todavía llevo poco tiempo. A veces hecho de menos el hospital, pero no ese ritmo, así que no lo tengo nada claro. 

Me limitaré a vivir el presente sin pensar mucho en lo que me depara el futuro y lo que tenga que venir, vendrá.

¡¡FELIZ NAVIDAD Y BUENA ENTRADA DEL 2011!!

martes, diciembre 14, 2010

En defensa del buen médico

Son muchas las cosas de las que me gustaría escribir, pero como ya sabrán los que se dedican a la sanidad, poco tiempo libre y descansado tenemos en esta época de catarros, diarreas y bronquiolitis. Noviembre y Diciembre son los meses perfectos para sacar de las casillas a cualquier médico o enfermera, ya que el caldo de cultivo de virus está en su máximo esplendor. Hay una cosa que me ronda en la cabeza desde hace varios días y hoy al pisar el centro de salud y escuchar en boca de un paciente la frase "estos médicos... es que me tienen harto"" he pensado que hoy era el día ideal para plasmarlo.

Tras el jaleo de los controladores aéreos mucho leí en prensa y blogs para intentar ser algo objetiva ya que mi posición parece clara aunque claro, subjetiva. Muchos fueron los médicos que tanto en internet o en televisión compararon esta desbaratada idea de la hulega masiva con la que podríamos liar si nosotros siguiéramos sus pasos, y todos coincidían en que nuestra moral y el juramento hipocrático que hicimos al final la carrera, nos impedirían llegar a tales extremos. Con gran decepción leí múltiples comentarios al respecto, del tipo "es que los médicos os creeís dioses" y se nos tachaba de "creernos seres superiores". Ahora que los controladores parecen ser una de las profesiones "más odiadas" quiero salir en nuestra defensa también, ya que veo que al médico se le critica cada vez más, y la profesión médica se va desvalorizando hasta el punto de ser exclavos del usuario sólo porque paga sus impuestos (y yo también!).

Son cada vez más las exigencias las que se nos reclama, y la empatía brilla por su ausencia. No sólo la atención tiene que ser temprana, sino también certera, precisa y todo con una sonrisa en la boca. No se admiten demoras de más de 15 minutos, ni imprecisiones en el diagnóstico. No se entiende que las enfermedades evolucionan y que no se pueden prevenir. Los medicamentos no los recetamos por algún motivo en concreto.

Muchos son los rapapolvos de pacientes que me tragué en urgencias, todos por motivos de espera, nunca por una mala atención. Uno de los más desagradables fue porque no les quería dar gratis un bote entero y nuevo de dalsy, en el que se me llamo "inhumana y sin compasión". Aquí ya llevo unos cuantos, y más y peores me quedarán seguro. Cada "bronca" siempre me deja trastocada.

Lo que me gustaría hacer saber es que detrás de cada bata hay una persona que se esfuerza al máximo en su trabajo, y que está haciendo todo lo posible para atender a todos los pacientes en el mínimo tiempo posible y con una buena atención. Cuando decimos que ahora el paciente esté bien, no significa que mañana no pueda estar peor. La forma de trabajar de una urgencia es muy diferente a la de la consulta de primaria, y no se pueden llevar informes a la consulta para echártelo a la cara como si tu no supieras nada y los otros si.

Ojalá tuviera la soberbia y la sensación de superioridad que dicen los pacientes que tenemos los médicos, porque así no oiría cada grito ni a la gente maleducada y cada amenaza me resbalaría tranquilamente.